La mujer del Pakhan
«Cuando el destino te une al demonio que juraste destruir.»
También disponible en formato digital y papel.
Sinopsis
Rachel Williams es una reconocida periodista y defensora de los derechos humanos que no se detiene ante nada para alcanzar sus objetivos. Por lo tanto, cuando se entera de la próxima reunión ultrasecreta de la Solntsevskaya Bratva, decide infiltrarse, no solo para obtener su nueva gran historia, sino también para derribar toda la organización.
Sin embargo, las cosas no salen según lo planeado.
Al ser capturada, es sentenciada a muerte. Pero un descubrimiento lo cambia todo: la persona a la que desea hundir hasta lo más profundo del infierno es su pareja destinada.
Rachel no quiere nada de esto. ¿Cómo podría renunciar a sus ideales de justicia para unirse a un criminal sangriento al que solo le importa el poder? Quizás demasiado tarde, descubrirá que no puede huir de su destino y, en el fondo, todo lo que Rachel desea es correr a sus brazos.
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Prólogo
Los cristalinos ojos azules del demonio brillaron en medio de la oscuridad. Rachel contuvo la respiración después de que le retiraron la asfixiante bolsa de lona de la cabeza. Lo único que pudo ver fue aquel rostro de mirada inexpresiva y sonrisa calculadora. Lo recordaba, desde luego; nadie en su sano juicio olvidaría a un hombre como ese. Construido igual que algún dios eslavo, de una apariencia hermosa, pero con el infierno ardiendo en sus ojos claros como el cielo.
Lo había presentido cuando se encontraron por primera vez. Algo dentro de ella, muy profundo, se agitó desesperado, como si quisiera advertirle lo que podría pasar si, al igual que las polillas, se acercaba demasiado al fuego. Pensó que había hecho bien en evitarlo; ahora veía que no.
¡Qué tonta fue!
Aunque no tenía ningún motivo para sospechar…
La sonrisa calculadora de su captor se ensanchó, volviéndose animal de un modo extraño, y un colmillo se asomó en medio de ella. Rachel dio una inspiración profunda, solo eso, y trató de mantenerse tranquila aun cuando lo único que deseaba era correr. ¿Lejos del hombre o hacia sus brazos? No lo sabía.
—Nu, chto zhdote vse? [Bueno, ¿qué están esperando?] —dijo en ruso a alguno de los matones detrás de Rachel—. Otpustite moya zhena, nemedlenno! [¡Liberen a mi mujer, inmediatamente!]
Incluso si no entendió ni una palabra, tampoco fue necesario. La hostilidad en el ambiente, que lo volvía espeso de alguna manera, se convirtió en el traductor perfecto. Aquella había sido una orden, también una amenaza silenciosa. Entonces, fue desatada de inmediato. Las manos temblorosas del hombre que minutos antes estuvo golpeándola no pasaron desapercibidas para Rachel, tampoco la manera en la que sus aterrorizados ojos oscuros la veían. ¿Qué estaba pasando?
—Ya razberus' s vami pozzhe [Me ocuparé más tarde de ustedes] —habló de nuevo—. Proch' otsyuda! [¡Fuera de aquí!]
—Ya klyanus, my ne znali, Aleksandr Vladimirovich [Le juro que no sabíamos, Aleksandr Vladírovich] —balbuceó uno de ellos—. My-my i ponyatiya ne imeli, chto… [No-no teníamos idea de que…]
—Dumayu, ya otdal vam prikaz [Creo que les di una orden]. —Su voz, aunque baja, pareció estremecer las paredes—. Ne zastavlyayte menya povtoryat' yego [No me hagan repetirla].
El grupo de matones corrió despavorido, igual que si los persiguiera la más horrible de las apariciones infernales. Rachel los hubiera acompañado, sin importar cuán estúpido fuera, de no ser porque su… «salvador» se encontraba bloqueando cualquier posibilidad de escapatoria.
—¿Tú bien? ¿Mucho dolor? ¿Llamo médico?
Rachel tardó un instante en procesar lo que estaba sucediendo. Cuando lo hizo, movió la cabeza lentamente de arriba hacia abajo, confirmando. Aunque estaba claro que no se encontraba bien, no iba a ser quisquillosa considerando la posibilidad de estar muerta.
—Sí… Sí. Gracias.
El hombre respiró aliviado.
—Yo lamento, no sabía… Cuando me entero, yo vengo corriendo.
—No entiendo, ¿por qué querrías salvarme?
—Nadie toca, tú moya.
«Tú moya»: estas palabras resonaron en su cabeza una y otra vez, mareándola. Tuvo que sostenerse del hombre, quien la rodeó con sus brazos, para no caer al piso salpicado de sangre.
Él le había dicho lo mismo meses atrás, cuando se conocieron. Las susurró en su oreja mientras le acariciaba el rostro, haciéndole sentir mil emociones. En aquel momento lo había tomado como una insinuación escalofriante; ahora sabía que había algo más profundo y real en esas palabras que la seguían aterrorizando.
«Tú moya». ¿Qué significaba? ¿Era suya como obsesión, como un objeto o… como su rehén? La sola idea la hizo temblar.
—Tú miedo. —Pese a que no se trataba de ninguna pregunta, Rachel asintió. Sentía la boca seca y un desierto en la garganta—. ¿De yo?
—¿Qué… qué me harás?
Él la apretó contra su pecho y la besó con una inusual ternura en la cabeza.
—Moya milaya koshechka, ya ne takoy monstr [Mi dulce gatita, no soy ese tipo de monstruo] —murmuró—. No daño nunca. Tú moya.
—No-no soy…
—Eres —sentenció, sujetándole la barbilla.
La obligó a mirar sus ojos, cuyas pupilas se adelgazaron hasta parecerse a las de un felino. Rachel sintió que se hundía en ellos, que se ahogaba en las profundidades de sus aguas, de su cielo, de su infierno, de… Y, sin embargo, no sintió temor en esta ocasión. Lo único que sintió fue calma y el deseo de ser sostenida, permanecer envuelta en aquellos brazos firmes para siempre.
Él inclinó el rostro hasta alcanzarle los labios. En el instante en que los presionó contra los de ella, el mundo comenzó a desvanecerse. Rachel se sintió como en un bote, a la deriva en algún lugar, guiada por aguas tranquilas…
«Suya». El pensamiento vino desde lo más profundo. Ya no sintió miedo. «Suya». ¿Qué tan malo podría ser?
Estuvo buscando ese algo especial durante un largo tiempo; quizás, solo quizás, al fin lo había encontrado. ¿Qué importaba si era junto al demonio que la besaba con ternura? Podía olvidarse por un momento de quién era él o de quién era ella y solo disfrutar.
El beso se terminó demasiado pronto. Rachel se mordió el labio cuando el hombre unió sus frentes y le suspiró en el rostro antes de sonreírle. Un pequeño levantamiento de las comisuras derechas de sus labios, que terminaba exponiendo el mismo colmillo de antes. Le pareció que era un gesto igual de precioso que él, también su sello personal.
Por alguna razón, de esas que le parecían inexplicables, quiso ser la única que pudiera verlo desde ahora.
—Ya tebya tak dolgo zhdal [Llevo tanto tiempo esperándote] —le dijo.
—No te entiendo.
—Espero. Yo espero mucho por tú —aclaró—. No te vas.
Más que una orden, le pareció una súplica dolorosa. Rachel tragó con aspereza. Ahora, cuando sus sentidos se serenaban nuevamente, la cordura hizo acto de presencia. No necesitaba ser un genio para saber quién era este hombre en realidad y, justo el saberlo, consiguió recordarle quién era ella y por qué había hecho la locura que casi la llevó a la muerte, en primer lugar.
Era Rachel Marie Williams, la periodista más exitosa de la década y una férrea defensora de los derechos humanos. Justa, honrada y leal, ¿cómo podría siquiera pensar en tirar su carrera por la borda y quedarse junto a este delincuente?
—No —murmuró; luego, en voz más alta, para que no quedara duda—: Déjame ir o mátame; no me quedaré.
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Contenido exclusivo
Estamos reescribiendo La mujer del Pakhan para ofrecerte la mejor experiencia. Cuando la nueva versión esté lista, añadiremos aquí:
- ✨ Ficha detallada de Rachel y Aleksandr
- 🎵 Playlist oficial de la historia
- 🎁 Escena eliminada o POV alternativo
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