El corazón de Dante
«El odio puede ser el primer paso hacia un amor que lo cura todo.»
También disponible en formato digital y papel.
Sinopsis
Dante Iadeluca pasó los últimos siete años en cautiverio, como la mascota favorita de un grupo de sádicos que además eran cambiaformas lobos. Despojado de su dignidad, siendo abusado y humillado hasta que no pudo reconocerse a sí mismo, se convirtió en una triste burla del hombre valiente que fue. Roto y sin esperanzas, Dante pensó que nunca sería libre.
Hasta que Rhys Crimson Badmoon lo llevó a su manada, una en la que es tratado como una persona otra vez, amado y protegido.
Sin embargo, Dante no se adapta bien a su nueva familia. Tan herido como está, lleno de temores y odio, él no confía en nadie, en especial no en los cambiaformas. Todo lo que Dante quiere es que lo dejen en paz, pero Urián, un joven con rostro de ángel y un par de ojos violetas como salidos de un cuento de hadas —que además es un asesino sanguinario—, no parece entenderlo.
Siguiéndolo a todas partes, como su autodenominado guardián, él afirma que están destinados. ¿El problema?: Dante es heterosexual y no quiere un compañero, no en especial si es un cambiaformas. No si es un maldito y asqueroso lobo.
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Prólogo
Urián tomó aire por la boca y contuvo la respiración mientras contaba hasta diez. El cielo se encontraba despejado por completo, de un azul brillante y hermoso, sin una maldita nube en el horizonte; digno de un sueño o una pintura, el paisaje era más hermoso de lo que nunca fue. Incluso los pájaros cantaban, revoloteando en el aire, contrastando con el mortal silencio que se extendía por las calles de Crimson Lake.
Este, sin duda, tenía que ser el peor día de su vida y la de al menos doce familias en el pueblo. La manada entera se encontraba de luto.
—¿Estás bien, cachorro? —preguntó el Beta, apretándole el hombro.
Urián trató de esconderse detrás de su constante y bien ensayada máscara de imperturbabilidad, pero no pudo. El dolor estaba desgarrándolo desde el interior, excavando con garras furiosas, destruyéndolo todo a su paso.
—Sí, señor. —La voz le salió como un murmullo—. Ellas murieron peleando, defendiendo al Alfa y a su familia, a nuestra manada. Yo... yo no voy a manchar sus memorias sintiéndome triste; a ellas no les habría gustado.
Gabriel le dio una media sonrisa demasiado triste, que ni siquiera le llegó a los ojos, y Urián se tragó el gemido que le subía por la garganta. Esto era demasiado para soportar; él no sabía cómo continuaba en pie. No se trataba solo de las muertes en el pueblo y las de su propia hermana y la madre de ambos, sino del constante rechazo de su pareja, que había comenzado a enfermar a Urián y a su lobo, y que, de continuar, los llevaría a una inevitable muerte dolorosa.
Como un niño esperanzado, Urián buscó a Dante con la mirada, no lo halló, y su constante tristeza se hizo más profunda.
«Él no vendrá», se dijo. Los odiaba demasiado para sentir la pérdida como propia. Urián podía jurar que Dante incluso se alegraba, porque, desde la perspectiva del hombre, todos los cambiaformas lobos eran iguales: un montón de psicópatas abusivos y todos merecían morir. Urián, más que nadie.
—Rain.
Urián levantó la cabeza para encontrarse con el compañero de su Alfa. Arian se veía desgastado, con los ojos enrojecidos y horribles ojeras manchando su piel pálida. Él también sonreía, aunque, como con Gabriel, la felicidad no llegaba a su mirada.
—Compañero-Alfa —respondió, inclinando la cabeza hacia un lado, exponiendo su cuello como muestra de la más absoluta obediencia.
La manada podía no reconocer a Arian como líder provisional, pero Urián lo hacía.
Arian le acarició el cuello, aceptando su sumisión, y después le palmeó el hombro.
—¿Cómo estás?
Últimamente odiaba esa pregunta. Su hermana gemela y la madre de ambos habían muerto, sí, ¿y qué? No era como si no pudiera soportarlo. Él era un lobo Beta y un Cazador; fue entrenado por Hanne para sobrellevar la pérdida. A pesar de haber cumplido apenas dieciocho años, Urián ya no era un niño, sino un adulto tan fuerte y capaz como cualquier miembro de la manada. Él podía soportarlo, no iba a desmoronarse, él no iba...
La garganta se le cerró. Urián tragó fuerte antes de responder:
—Bien. ¿Cómo sigue el Alfa? ¿Hay mejoría?
Arian sacudió la cabeza, negando. Sus cristalinos ojos azul hielo se llenaron de lágrimas que jamás dejó salir.
—Sigo esperando un milagro.
El Alfa, al menos, podría recibirlo. Urián desvió la mirada hacia los féretros cubiertos de flores y las familias que lloraban en silencio. Ellos no podrían esperar por un milagro, no a menos que los muertos pudieran levantarse de las cenizas para regresar a sus vidas normales. Urián se sintió culpable y egoísta por pensar de ese modo. Arian lo pasaba igual o peor que cada uno de ellos: siendo Omega y un bastardo, la manada no confiaba en él; no cuando creían que el ataque fue su culpa.
Si el Alfa llegaba a morir, Arian tendría que hacerse cargo de todo y se desataría el infierno. La manada no lo reconocería como líder, habría revueltas y luchas llenas de sangre. Una nueva guerra, solo que mil veces peor, entre ellos mismos.
—Él va a despertar —le aseguró—. Es fuerte; el Alfa Crimson no lo abandonará.
Arian ladeó la cabeza; el cabello blanco-platinado le cayó sobre el hombro. Urián lo encontró exageradamente bello: con su rostro ovalado, ojos grandes y labios en forma de corazón. Precioso como cualquier Omega. Sin embargo, había una ferocidad en él que incluso intimidaba al lobo de Urián.
—¿Y Dante? —preguntó Gabriel.
Urián se encogió de hombros, fingiendo indiferencia.
—No lo sé, no me importa —mintió—. No soy su dueño y él no es el mío.
—Cachorro...
—Soy un lobo, señor; Beta, igual que usted, y un Cazador. Tengo orgullo, no me someto ante nadie que no sea mi Alfa. —Miró a Arian con una leve sonrisa—. O su compañero… —De nuevo se dirigió a Gabriel—: y usted.
Gabriel negó, dándole palmaditas en la espalda.
—Entiendo: él no te interesa, tú no le interesas, son felices así. Mejor dime, ¿estás listo para el discurso?
Urián tembló interiormente. Ni su lobo ni él lo estaban, pero cuando el Compañero-Alfa lo eligió, él no pudo resistirse. Dar el discurso durante una Ceremonia de la Muerte era el más grande honor que se le podía otorgar a un cambiaformas lobo dentro de una manada; significaba que era considerado valiente, poderoso y digno. Por tradición, solo un Anciano del Concejo daba el discurso; sin embargo, Arian lo escogió y él no iba a fallarle.
—Sí, Beta.
Gabriel asintió, cruzándose de brazos. Arian tomó la mano de Urián entre las propias y la apretó con suavidad.
—Vamos, Rain, la manada espera.
—Sí —respondió, dejándose guiar.
Y como un iluso, giró la cabeza para mirar detrás de sí. Dante no estaba; él no vendría, y Urián supo que el resto del camino tendría que transitarlo solo. Sin padre, madre ni su amada gemela… y sin su propio compañero.
Solo e incompleto, por el resto de su vida.
Siempre.
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Contenido exclusivo
Estamos reescribiendo El corazón de Dante para ofrecerte la mejor experiencia. Cuando la nueva versión esté lista, añadiremos aquí:
- ✨ Ficha detallada de Dante y Urián "Rain"
- 🎵 Playlist oficial de la historia
- 🎁 Escena eliminada o POV alternativo
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